martes, 22 de enero de 2008

Partidocracia

Partidocracia

Un Diagnóstico certero para el México de principios del Siglo XXI



Carlos Aragón-Navarro

Sumario:

I. Introducción;
II. Naturaleza jurídica;
III. Partidocracia;
IV. Conclusiones;

Resumen

El objeto del presente ensayo no es solo indagar dentro del significado del concepto “Partidocracia”, sino analizar y precisar algunos de los acontecimientos que se han presentado en la actualidad de la Nación Mexicana. Da inicio con citas del autor respecto a las definiciones del concepto, y continúa con una descripción sintética de las cuatro coordenadas que los teóricos han definido a propósito del tema, enumerándolas y proporcionando sus características principales. Posteriormente, y sustentando sus opiniones en las referencias de distinguidos expertos en el tema, el autor critica las falacias de los legisladores mexicanos, que están desinformando al pueblo mexicano.

Para construir un verdadero Estado de Derecho –sostiene él- las normas deben ser acatadas, empezando por el mismo gobierno. Los derechos fundamentales deben preservarse y los jueces y tribunales deben ser independientes e imparciales.

En México, existe una total ausencia del Estado de Derecho, y la nación se encuentra, por ahora, completamente en manos de los Partidos Políticos y su corrupción. No mucho puede hacerse en este momento particular para combatir este fenómeno pero, debemos, por lo menos… denunciarlo.


Palabras clave: Partidocracia, Partidos Políticos, Estado de Derecho, Corrupción.

Abstract


The aim of this essay is not only to search within the meaning of “Partyarchy” but to determine and analyze some state of affairs present in the current life of the Mexican nation. It begins with author´s recollections of several definitions of the concept and then he summons up the essentials that the theorists had settled on regarding the concept “Political Parties” and its constitutional basis, enumerating them, describing their main characteristics. Later on, and sustaining his opinions with the references of distinguished experts. he criticizes the mendacity of the Mexican congressmen, who are misinforming the Mexican people.

To built a true State of Law –he says- the rules must be obeyed, starting from the government itself. The fundamental rights should be preserved and the courts and judges must be self-governing and impartial.

In Mexico, there is a total absence of a State of Law, and the nation is, by now, completely in hands of the Political Parties and its corruption. Not much can be done at this particular moment in our country to fight back the phenomena , but… we must, at least, denounce it.

Key words: Partyarchy, Political Parties, State of Law, Corruption.

I. Introducción

No obstante que, descomponiendo sus raíces etimológicas, al emplear el término “Partidocracia” no hacemos más que describir una opción donde los partidos gobiernan, el uso que propios y extraños –aludiendo por una parte a la clase política y por la otra… a todos los demás- impartimos al concepto, conlleva implícito un inseparable tono despectivo.

Partidocrazia en italiano y Partidocracia en castellano son vocablos de uso creciente en el lenguaje político, y aluden a una especie de “estado patológico” del régimen democrático.

Esta sutileza precisa una de las diferencias fundamentales que existen entre el concepto “Partidocracia” –ámbito democrático en que éstos no son sino uno de los vectores incidentes en el espacio nacional- y “Partidocracia”.

En el primer caso, el Estado de Partidos no es sino una etapa virtuosa en la evolución del Estado moderno, mientras que la Partidocracia estamos ante una deformación de la democracia, aludiendo a una abusiva apropiación de espacios políticos por parte de los partidos políticos dentro de la sociedad.

Por su parte, el pensador español Gonzalo Fernández de la Mora, citado por Alberto Buela en un inteligente ensayo sobre el tema, la define como “Aquella forma de oligarquía arbitrada en que los partidos políticos monopolizan la representación”[1]

Partidos políticos, ¿espacios donde la ciudadanía encuentra su representación, o cotos de poder egoísta? Trataremos de aventurar algunas ideas al respecto.

II. Naturaleza jurídica


El fundamento constitucional de los Partidos Políticos en México, se encuentra en el artículo 41, que, en su parte conducente dispone:


“Los partidos políticos son entidades de interés público; la ley determinará las formas específicas de su intervención en el proceso electoral. Los partidos políticos nacionales tendrán derecho a participar en las elecciones estatales y municipales”


Entidades de interés público. Nada menos. Lo que les otorga de entrada protección y prebendas que, a decir de algunos -¿de muchos?- éstos han empleado para cooptar el poder público y entronizarse en las entrañas del poder.

Porque, de cara a la situación que estamos viviendo, únicamente por instancia de los Partidos Políticos es que un ciudadano mexicano puede acceder a cualquier puesto de elección popular.

En la reforma a la legislación electoral, inclusive, se planteó con seriedad establecer puntualmente ese hecho, para cerrar de una vez la puerta a algún ciudadano que pretendiera emular al ex-canciller Jorge Castañeda en sus aspiraciones. Por fortuna, la descarada maniobra fue advertida y eso impidió que se consumara el exceso.

Pese a ello, la redacción definitiva quedó así:


“Sólo los ciudadanos podrán formar Partidos Políticos y afiliarse libre e individualmente a ellos; por tanto, quedan prohibidas la intervención de organizaciones gremiales o con objeto social diferente en la creación de partidos y cualquier forma de afiliación corporativa”

Lo que –se dice- oficialmente “garantiza” el libre juego democrático, bloqueando de paso el surgimiento de una versión remasterizada del Partido “Nueva Alianza” que, como se sabe, debe su existencia casi exclusivamente al obsceno poder de una lideresa sindical, a quien le alcanzó para, de paso, colocar a su favorecido en la Silla del Águila.

El segundo párrafo de la fracción I del artículo 41 Constitucional referido, explica, más que regular, el propósito de la existencia de los Partidos Políticos. Y reza:


“Los partidos políticos tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, contribuir a la integración de la representación nacional y como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan y mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo. Sólo los ciudadanos podrán afiliarse libre e individualmente a los partidos políticos.”


A título de un mero apunte, y absteniéndonos de abundar en el examen, toda vez que la profundidad de análisis que requiere la deconstrucción de este mero párrafo sería bastante para un trabajo mucho más acabado –quizá una tesis de grado- cuestionamos: Los Partidos Políticos… ¿promueven la participación del pueblo en la vida democrática? ¿Realmente se interesan, ya no por los electores, sino siquiera por sus bases, fuera de los tiempos electorales?; ¿Contribuyen a la “integración de la representación nacional”? ¿En serio?


III. Partidocracia.


Partiendo de las premisas sentadas en la sección precedente, donde derivamos que los Partidos Políticos son entidades de interés social, cuyo fin debiera responder a suscitar “la participación del pueblo en la vida democrática”, y “contribuir a la integración de la representación nacional” encontramos, a priori, que estos hechos no se corresponden con la realidad de México en los albores del Siglo XXI.

Basta abrir cualquier día uno de los periódicos de circulación nacional para advertir las cerradas disputas que los más cerrados clanes partidarios, tribus y pandillas de los mal llamados “representantes populares” sostienen, con los fines más codiciosos y perversos. Importa la concentración del poder. Importa la concentración de la riqueza.

En ese contexto, asumiendo a la Partidocracia como una desviación del papel que corresponde a los partidos políticos en la democracia representativa, [2] o como la evolución de la tendencia de los partidos contemporáneos a apoyarse cada vez más en el Estado y a invadirlo, hace sentido la descalificación ciudadana creciente y el descrédito que la clase política ha alcanzado en casi todos los espacios de nuestra sociedad, aplicando perfectamente la expresión de Katz y Mair, hemos llegado a padecer de “Partidos-carteles” (Katz y Mair: 1995) que guardan en la praxis, medidas tan salvajes y fuera de sentido como las que operan los capos mafiosi de otras instancias de poder.

En ese contexto, no resulta aventurado denunciar que el Estado mexicano es presa de una Partidocracia rampante y, para soportar esa opinión, rescatamos las ideas de José Maranini (1902-1969), a quien se atribuye la paternidad de la noción y que, en un ensayo denominado “Mitos y realidad de la democracia” refirió:

“El diputado no debe escuchar al elector, sino al partido...El parlamento como órgano soberano y unitario para la articulación entre la mayoría y la oposición no existe más. Existen sólo los grupos con el mandato imperativo de las cúpulas partidarias. La representación de los de los intereses de los electores fue sustituida por la llamada representación política. Con el escrutinio proporcional el gobierno se convierte en rehén del parlamento que a su vez está controlado por los partidos políticos.

Maranini sostiene que, en definitiva, la Partidocracia es hija directa del proporcionalismo y del rechazo de la regla mayoritaria para dirimir el conflicto político. Es la negación de la regla de la mayoría, según el creador del concepto.

Capel encuentra que el fenómeno clásico de la Partidocracia presenta cuatro características principales que, como cualquier hecho social pueden o no presentarse en un momento histórico dado o inclusive traslaparse. Sin embargo, la mayor o menor presencia de cada uno de los ejes, permiten, al estudioso, darse una idea de qué tan intensa puede ser la Partidocracia en un régimen político determinado.

Los cuatro ejes son:


1) Monopolio de nominaciones. Los Partidos Políticos gozan de la exclusividad –factual o normativa– de las designaciones para cargos de elección popular. Esto les concede un enorme poder -la posibilidad de excluir a ciudadanos del derecho a ser electos y acceder al ejercicio del gobierno- amén de que les permite garantizar sus intereses, ya que postulará fieles que incrementarán sus cuotas de poder. Esto también, de acuerdo a los teóricos, proyecta la imagen de que el elector está optando por partidos y no por personas.


2) Control sobre representantes electos. Dado por el nivel de disciplina partidaria, de acatamiento a la línea que emane de la cúpula partidaria. No obstante que la Constitución garantice la independencia de los legisladores, en la práctica de la actividad legislativa, los congresistas votan de acuerdo a la orientación, guía u orden que reciban de sus superiores. Justificaciones como “la diversidad y complejidad de temas que llegan al conocimiento de cada diputado y sobre los cuales tiene que emitir voto, hacen que el agrupamiento de parlamentarios en grupos o fracciones legislativas sea un imperativo de la eficiencia”[3] Empero, la idea de una disciplina partidaria fijada por compromisos personales de dudosas legitimidad y lealtad se asoman a la menor provocación.

3) Patrimonialismo partidarista. Esta es, sin duda, una de las facetas más evidentes y más cuestionables del sistema político mexicano en estos días. Mediante el empleo de mecanismos políticos, se utiliza la posición institucional para apropiarse y repartirse recursos o partes del gobierno. Implica una percepción de la política en la que la distinción entre actividad partidaria y actividad gubernamental queda desdibujada y el gobierno es percibido y tratado como una extensión del partido, o como un botín que se obtiene mediante la contienda electoral.

El grado de patrimonialismo partidista varía de país a país; desde aquellos en que el partido que gana las elecciones procede a despedir al mayor número posible de servidores públicos para sustituirlos por los militantes propios “que han sudado la camiseta” –lo que, indudablemente es el caso de México- hasta los “acuerdos” de fracciones legislativas de integrar una mayoría a cambio de trozos de instituciones estatales que pasan a ser cotos de empleo y manejo del partido que ha dado los votos en el Congreso ya sea para pasar una legislación o para elegir a un funcionario –que, penosamente, también aplica a nuestra realidad nacional-. Los partidos políticos se convierten así en agencias de empleo y “la posibilidad de construir una burocracia racional y eficiente queda relegada”.[4]

4) Partidización de la sociedad civil. El horizonte de la participación política se circunscribe a los partidos políticos; la relación entre partidos y organizaciones de la sociedad civil se desarrolla como una relación asimétrica en que el partido es el polo dominante y tiende a partidizar las organizaciones sociales, de tal manera que éstas o quedan “alineadas” a un partido político o son el campo de batalla en el que los partidos luchan por controlarlas, produciendo graves divisiones en su interior.


IV. Conclusiones


La primera, evidente, es que el tema da para más.

No obstante, la naturaleza del status de la materia, lo apretado del tiempo y la brevedad del curso, impiden realizar un examen de mayor fondo y una exposición de mayor densidad sobre este tema tan imbricado con la realidad nacional, dejemos, pues, ese esfuerzo para otro momento y bástenos, por ahora, acotar algunas ideas básicas.

La concepción del Estado democrático, tanto en su versión de democracia representativa, como de la directa, se asienta sobre una relación bilateral entre ciudadanos y entes de representación y gobierno. De tal manera, la naturaleza de la democracia, tal y como la conocemos hoy, radicó en el algún momento –quizá más filosófico o instrumentista que verídico histórico- en la apropiación por parte del pueblo del poder político, con la consecuente necesidad de designarse representantes para que, proviniendo de y a nombre del pueblo administren su original poder.

No obstante, en la praxis, la relación bilateral pueblo-gobierno ha pasado a transmutarse en una relación de carácter diverso, con tres vértices: Ciudadano-Partido Político-Gobierno, de tal manera que el ejercicio de la soberanía popular no es más que una ficción jurídica, usurpada por los Partidos Políticos.

Las cuatro instancias clásicas del análisis natural de la Partidocracia resultan coincidentes, visibles y abrumadoras, cuando se les mira de cara a la actualidad de la realidad mexicana y encontramos que, legalmente, ratificado incluso por la ilícita actuación de la Corte, los Partidos Políticos tienen (i) el Monopolio de las nominaciones, ya que nadie puede llegar al poder público ni a puesto alguno de elección popular, si no es a través de ellos; (ii) el Control sobre representantes electos, ya que tanto los Grupos Parlamentarios, por conducto de sus respectivos Coordinadores, como en las “previas” que tanto las cúpulas partidarias como las fracciones a ambas Cámaras sostienen, los legisladores reciben línea en el sentido de hacia dónde orientar su voto. es vox populi; (iii) Patrimonialismo partidarista. A nadie escapa el grado de rapacidad que políticos voraces desarrollan sobre, en y acerca de los bienes del dominio público. Y tampoco es secreta la existencia de partidos-negocio, propiedad de familias, que medran de los recursos públicos, empleándolos para su provecho, para garantizarse su vida futura, así como la de todas sus generaciones descendientes.

Los ejemplos abundan y los casos típicos, -desde el despido del mayor número posible de servidores públicos para sustituirlos por seguidores propios fieles, hasta los “acuerdos” de fracciones legislativas para integrar una mayoría a cambio de beneficios ilegales- identifican al régimen político mexicano como una Partidocracia rampante, donde los partidos políticos se han convertido en franquicias, en agencias de empleo y en arca abierta.

Finalmente, es obvio que en nuestro estado también ha aflorado la Partidización de la sociedad civil. “Vivir fuera del presupuesto… es vivir en el error” frase lapidaria pero evidentemente actual y llena de vigencia. En el México de principios del Siglo XXI, el horizonte de la participación política se ha encerrado a lo que los partidos políticos decidan y regulen; si bien es cierto que en México gozamos de una tradición corporativa y clientelar, promovida desde la presidencia en sus inicios, también es cierto que el grado de invasión de los Partidos Políticos en la vida de las organizaciones de la sociedad civil ha desarrollado una relación asimétrica en que el partido es el polo dominante e infecta, partidizándolas, a las organizaciones sociales, de tal manera que, quien no está con un partido, no está en la vida política de México.

Cerrar los ojos al contexto es no únicamente absurdo, se hace ya corresponsable por complicidad. En el diseño de la democracia representativa, los partidos políticos debieran ser vehículos facilitadores al ciudadano-elector para escoger a sus representantes. Esto no opera más.

Los partidos han adquirido el monopolio de esa instrumentalidad, prolongan en el tiempo su papel y -de instrumentos del mecanismo electoral- han pasado a asumir un control absoluto sobre el ejercicio de la representación popular institucional, sometiendo a los representantes del pueblo a la disciplina partidaria.

Vivimos en una nación ajena al Estado de Derecho, sometida por la Partidocracia y su corrupción. Debemos, por lo menos, denunciarlo.


V. Referencias



FERNÁNDEZ DE LA MORA, Gonzalo, La Partitocracia, Madrid, 1977, Ed. Hércules p.154

MÁRQUEZ R., Sergio R., Estado de Derecho en México. [en línea] México, UNAM, Posgrado, 2007, [citado-26-09-07], Formato PDF, Disponible en Internet: http://www.cuaed.unam.mx/posgrado/moodle_posgrado/file.php/8/estructura_jp/unidad_1/img/lecturas/estadoderechomexico.pdf

PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA (2007), Primer Informe de Gobierno del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, 1 de septiembre de 2006, México

SCHMITT, Carl, El Concepto de lo Político, [en línea], Buenos Aires, La Editorial Virtual, 2001, [citado 14-10-07] Formato Html, Disponible en internet: México, UNAM, Posgrado, 2007, [citado-26-09-07], Formato PDF, Disponible en Internet http://www.laeditorialvirtual.com.ar/Pages/CarlSchmitt/CarlSchmitt_ElConceptoDeLoPolitico.htm

ZAMORA, I, Rubén, Partidocracia, [en línea] Biblioteca Católica Digital, Madrid 1999, [citado 15-10-2007] formato html, disponible en internet: http://www.iidh.ed.cr/siii/index_fl.htm



[1] FERNÁNDEZ DE LA MORA, Gonzalo, La Partitocracia, Madrid, 1977, Ed. Hércules p.154

[2] ZAMORA, I, Rubén, Partidocracia.

[3] Óp. Cit

[4] Ibíd.


Referencias.